Las chinampas: una tradición de importancia mundial

Las chinampas: una tradición de importancia mundial

Las Chinampas en Xochimilco
Flora en su chinampa. // Foto: The Welcomers

 

Doña Flora, se llama. Tiene uno de esos nombres propios que te llevan puesto. Dice que sus padres y los padres de sus padres y sus hijos y nietos se han dedicado a las chinampas, un método mesoamericano de agricultura, con el que los productores locales trabajan la tierra desde hace 500 años.

Flora nos recibe en El Acuario -el único restaurante del pueblo- con una canasta de plástico azul en la mano derecha y un sombrero de paja que usa todos los días para cubrirse del sol mientras recorre las parcelas de tierra de San Gregorio Atlapulco. Lleva una blusa de manga larga, bordada con motivos de colores, de pescadores a bordo de una lancha.

Con su canasta camina hacia el primer puente que lleva a las chinampas. Ahí nos cuenta que atrás de nosotros había un manantial que conoció -era la única casa que tenía un manantial- y con el tiempo desapareció. El dueño de El Acuario pensó en criar peces de colores a los que no permitía salir. Eran la atracción de los comensales y por eso le nombró El Acuario.

La sobreexplotación de agua desapareció el manantial, dice Flora. 

Ahora el canal que vemos tiene 20 centímetros de agua. Llega a medir 1.60 metros en sus zonas más afortunadas.  Antes rozaba los 3 metros de altura, pero pasó lo mismo que con el manantial: la sobreexplotación del agua, aunado al hecho de que las tres plantas de donde se abastecen de agua tratada hoy día trabajen con deficiencia por falta de mantenimiento.

El sistema lacustre Ejidos de Xochimilco, San Gregorio Atlapulco y sus afluyentes, además de ser Patrimonio de la Humanidad y un orgullo cultural, es un humedal de importancia internacional. Flora insiste en que con frecuencia vienen investigadores desde otros lados del mundo para tomar muestras de sus aguas y conocer este ecosistema clave para la mitigación del cambio climático. Sin embargo, en el país poco se conoce la importancia de este sitio en cuanto a un mejor acceso y disponibilidad de agua, regulación del microclima y calidad del aire de una gran parte de la Ciudad.

Las Chinampas en Xochimilco
Chinamperos trabajando en San Gregorio. // Foto: The Welcomers

Le pregunto por qué si es un modo de vida, cada vez hay menos chinamperos. Flora dice que es un problema social, porque los padres amenazan a los hijos con que “tienen que estudiar y si no estudian los van a llevar a la chinampa.” Otros se dedicaron a ser profesionistas, maestros, a tener especialidades y nuevos rumbos, y su familia se dedicó a ambas: a preservar la tradición y a estudiar. Su hijo Pedro, por ejemplo, es chinampero y bibliotecónomo.

Hace 500 años las chinampas abastecían de alimento a la Ciudad de México. Desde Xochimilco iban las lanchas por Santa Anita, y atravesaban un puente llamado Roldán, en el Centro de la Ciudad. Después fue la góndola que traía dos plataformas: una para personas y otra para verduras. Ahora lo transportan en carros cargueros. Hoy, de San Gregorio salen aproximadamente entre 8 y 10 toneladas diariamente, a centros de distribución como la Central de Abastos.

Mientras caminamos sobre líneas de otros pasos marcadas sobre la tierra, Flora nombra verduras que nunca habíamos conocido: más de 30 variedades de lechuga, col china, arúgula baby, arúgula lisa, los cebollines -que los productores limpian con peines para el cabello- y la lechuga francesa -de semilla mexicana”

La recoge del suelo y con confianza toma una de sus hojas para mostrárnosla: “si está comido es orgánico; siempre hay que ver eso.”

Flora hace hincapié en que la suya es una agricultura de calidad, libre de químicos. “Nosotros tratamos de que los compañeros que usan químicos se comprometan a hacerlo bien.”

La zona de San Gregorio es propicia para el cultivo porque está rodeada de montañas, desde donde escurre el agua hacia el lago. 836 hectáreas de parcelas que pertenecen a la comunidad. Nos lleva hasta el punto que divide a las pequeñas propiedades de los terrenos comunales. Dentro de las parcelas hay distintas lagunas que sirven de recarga a los mantos acuíferos, de donde se extrae el agua para la Ciudad. “Si estas parcelas no existieran, la Ciudad no tendría agua,” asegura Flora. “Esto sirve de recarga para los mantos acuíferos. Por eso al gobierno, a la ONU, les interesa que esto se mantenga, pero la corrupción hace que del recurso que nos otorgan llegue lo mínimo”.

Algunas partes fueron expropiadas en la época del Presidente Luis Echeverría porque entonces se pensaba hacer un centro turístico. “Les pagó 30 mil pesos por parcela. Una cosa ridícula, porque una parcela tiene 13 de ancho por 400 metros de ancho. Por medio de engaños y el comisariado que se vendió lo lograron, y las parcelas siguen expropiadas”.

De regreso sobre el canal, Flora nos cuenta sobre la visita del príncipe Carlos de Inglaterra hace tres años. Desde la lancha nos señala el borde de tierra sobre el que apenas subimos. Ahí fue justo donde estuvo el Príncipe, dice. Nos cuenta que su escolta se cayó al agua y que el príncipe se enojó. Le comento que eso no salió en las noticias y ella responde que lo que salió en las noticias fue que lo habían llevado en “una canoa fea”. “Nosotros no tenemos trajineras. Nosotros somos producción y transporte, no somos un centro turístico”.

Hacemos un silencio en el que Flora irrumpe con una reflexión: “Qué difícil es vivir esa vida,” dice. ¿La vida de príncipe?, pregunto.

“Esa vida. Siempre con guaruras, que no lo dejan hacer, viene hasta la ambulancia, como si todo el tiempo fuera a pasarle algo. No hay como vivir en la tranquilidad, dormir en un petate. Comer tortillas a mano.”

La lancha en la que nos lleva tiene marcado el nombre de Cándido Ríos sobre la pintura azul de la madera. La familia Ríos es la de Flora. Cándido es su esposo, Pedro, su hijo, y todos en su familia saben trabajar la tierra. Hasta Sarita, su nieta, que apenas va en cuarto de primaria.

Las Chinampas en Xochimilco
La canoa de Pedro Ríos. // Foto: The Welcomers

“No podemos seguir importando productos, ¿si no luego qué vamos a hacer? Tenemos que cultivar nuestros propios alimentos. No sólo para venderlos, sino para consumirlos. A mis hijos les enseñé a todos igual, a trabajar en la chinampa. Pedro trae a Sarita. Yo les digo que les enseñe, porque quizás un día todo esto desaparezca. Así como yo hoy les platico, “yo conocí el manantial…”

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